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Una carta desde el abismo

 


Tal vez algunos aún recuerden la tragedia del submarino Kurk . En el año 2000 durante una práctica en la que el submarino debía disparar dos torpedos sin explosivo, a un buque de batalla, estallaron por la fuga de su propelente. Debido a la herrumbre en la carcasa de uno de los torpedos. La compuerta que separaba la sala de torpedos del resto del submarino estaba abierta, la onda expansiva se propagó a varios compartimentos, incluyendo el puesto de mando, llenándolos de humo y llamas. El capitán intentó ordenar un soplado de emergencia, que hace que el submarino ascienda rápidamente a la superficie, pero el humo le venció. La boya de emergencia no se desplegó. Minutos después tuvo lugar una explosión mucho más grande, al chocar la nave con el fondo marino. Explotaron entonces una media docena de torpedos. Los reactores nucleares se desactivaron.

Se abrió un agujero de 2 m² en el casco del navío, que había sido diseñado para soportar profundidades de 1 kilómetro. La explosión dejó abiertos el tercer y el cuarto compartimento. El agua entró a razón de 90.000 litros por segundo, matando a todos los que se encontraban en su interior. El quinto compartimento contenía los reactores nucleares del submarino, protegidos por 13 cm de acero. La mampara del quinto compartimento resistió la explosión, haciendo que las barras de control nucleares se mantuvieran en su lugar evitando un desastre nuclear.

Muchos supervivientes se refugiaron en la parte trasera del barco 4 horas después del accidente.

Tras reflotar parte de los restos del submarino el 8 de octubre de 2001 fueron recuperadas tres notas de los supervivientes, solo dos fueron hechas públicas y no en su totalidad. Recientemente un operario que se encontraba realizando tareas de desguace, en lo que queda del Kurk encontró la nota que sigue y la hizo pública en Internet.  No se ha podido establecer el apellido del autor (las autoridades rusas no lo permiten) Dice así: 

Querida Dariya: Te escribo estas pocas palabras casi sin luz. Nuestro querido Kurk yace deshecho en el fondo del mar. Debíamos lanzar dos torpedos de prueba. Explotaron. Muchos camaradas han muerto. Luego chocamos con el fondo y sobrevino otra terrible explosión. 23 camaradas estamos refugiados en la popa, pero el agua está entrando. Estoy tirando y mojado. Es el último día de mi vida en esta penumbra espantosa, pero estoy lejos de aquí, me imagino a tu lado aquella tarde de abril en nuestra hermosa Sochi a orillas del Mar Negro. ¿Recuerdas aquella tarde en el río Psou? Llevabas puesto tu trajecito azul. Nos amamos tanto esa noche. La luna grande nos regaló su luz iluminando nuestros cuerpos por el ventanal. ¡Te amo tanto amor! En estos últimos minutos de mi vida te extraño inmensamente.

Morir aquí solo con mis 25 años. No te apenes amor, solo sufre lo necesario. El tiempo te hará aceptar esta desgracia. Te doy desde esta oscuridad final, la libertad. Busca un buen hombre que te de lo que yo ya no puedo.

El agua ya llega a mi cintura ¡Dios!  Que helada esta.

Muchos camaradas murieron por no escapar hacia aquí. ¡Qué afortunados fueron!  Sabes que escapar de un compartimiento averiado y trasladarse a otro en buen estado está totalmente prohibido por el Estatuto Naval y el Código de Honor de los marineros. Cada uno debe permanecer en su puesto hasta el fin, tratando de impedir que el agua o el fuego se propaguen por el barco. Ahora es inútil. La linterna parpadea, queda poco tiempo y tantas cosas para decirte. A mi lado está mi amigo Pavlev, dile a su viuda que muere como un hombre y que la ama profundamente. Otros hombres lloran. Nadie grita, solo el agua que busca nuestras almas.

Miro la escotilla inútil. Nadie puede escapar. Morir aquí o afuera ¿qué más da?

Mis últimos recuerdos son para ti. Aquella tarde que cenamos en la primavera al pie de aquel gran árbol tan verde. El cielo azul, por el que cabalgaban aquellas inmensas nubes blancas. Tu les ponías nombres. Yo no dejaba de mirar tu hermosísima figura y te deseaba. Esperaba el roce de nuestros cuerpos. La tibieza de tu vientre. Hundirme para siempre en tus ojos y amarte hasta el fin de los días. Luces en la noche, estrellas prendidas casi para nuestro puro y gran amor.

Ahora llega la imagen de tu padre en su negocio. La bruma de la mañana, el aroma del pan recién horneado. Tus manos exquisitas untándolo con aquella mantequilla dulce. Tu sonrisa mirándome, mientras yo te hablaba del mar, de los viajes. Y nos reíamos por una broma de tu padre.

Todo se ha convertido en gris, un color plomizo que se apaga de apoco. Es la negrura de la muerte que se aferra a nuestra piel aterida. El agua llega hasta mi pecho. Ya no intento moverme. Algunos lloran en un silencio morboso. Es que nos han preparado para esta hora. Ser fuertes y afrontar el sacrificio por la patria. Palabras vacías dichas por burócratas insensibles. Ellos están bajo el sol, nosotros aquí.

Hermosa Dariya un último recuerdo, siento el sol en la piel, abro mi camisa y me acaricias. Tendidos sobre la hierba que explota en un verdor sublime. Te ríes, tu blusa se abre y tus pechos se me antojan como dos grandes colinas.

Sí siento el perfume de tu pelo Mis manos alcanzan para abrazar tu cintura. De pronto el cielo nos regala una lluvia intensa, corremos descalzos, alcanzamos la cabaña y me gritas ¡ámame! ¡Ámame!

Adiós dulce amor. Olvídame rápidamente. Pondré esta carta en un tubo plástico. Si alguna vez retiran nuestros cuerpos de esta tumba ojalá te alcance este postrer saludo. Abriré mi boca y tragaré el agua de una vez. Será rápido. Mi dulce, dulce Dariya, te he amado tanto.

 

 

 

 

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