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lunes, 24 de enero de 2022

Pouring. La energía del color .Luces para el futuro

Presento mis trabajos de Pouring

 La magia del color. Las vibraciones que emergen de la tela y llenan el alma. Las comparto con ustedes.

Podrán verlas enVer Obras o en  nuestra sección: TRABAJOS PLASTICOS.


                                             Nacimiento de una estrella




                Pouring. Lienzo de 50 por 50 Cms. Técnica de vertido y soplados

viernes, 4 de junio de 2021

Ya no no estaba en sus manos.

 


La mañana había amanecido fría y sin nubes.
Tibios rayos del sol iluminaban el pueblo.
Desde lo alto de la montaña parecía pequeño y silencioso, limpio.
Despertaba lentamente.
Lo había elegido antes de ver otros.
Toda esa belleza le irradiaba fuerzas.
Era la paz que tanto añorara... VER

lunes, 3 de mayo de 2021

13 Flotilla de Combate U Boats

 


La flota submarina alemana se convirtió en la mayor amenaza para la supervivencia británica, durante la Segunda Guerra Mundial. Acosando al tráfico marítimo británico. En 1939, la mitad de los alimentos consumidos en Gran Bretaña y dos tercios de las materias primas necesarias para la industria militar, venían del exterior.  Entonces si los U-Boatas alemanes lograban parar ese suministro, hundiendo a los mercantes aliados, Hitler podría ganar la Guerra. 

Dinitz sabía esto y se calculaban necesarios unos 200 0 300 submarinos para lograrlo, pero Hitler no estaba seguro de ello y prefirió, en principio, la construcción de Acorazados, eso demoró la fabricación de los U -Boats...quizás la historia hubiese sido otra.

La historia del Arma Submarina Alemana se le debe, en gran parte, a Karl Dönitz, el creador de la fuerza de submarinos de la Alemania de la posguerra en 1919. Después de la Primera Guerra Mundial, Karl Dönitz ocupó una de las 1500 plazas de oficial que el Tratado de Versalles permitía a la República de Weimar; su ingreso en la marina de guerra se debió a los excelentes antecedentes que había mostrado durante la Gran Guerra. Casi había puesto a Inglaterra de rodillas Se inició como observador en la aérea naval y rápidamente tuvo a su cargo una escuadrilla de Hidro aviones. En 1916 ya tenía un submarino a su mando. En 1918 fue capturado e internado en un campo de prisioneros hasta el fin de la guerra.

13 Flotilla Combate U Boats Submarinos Alemanes

La  13 de submarinos Flotilla (13 Unterseebootsflottille) fue una unidad de la Segunda Guerra Mundial U-Boat de Kriegsmarine de la Alemania nazi con base en Trondheim, Noruega. El emblema de la unidad era una cruz con un barco vikingo en el medio.

En 1941, la construcción de la base de submarinos DORA 1 comenzó en Trondheim. Dos años más tarde,  en junio de 1943, fue entregado al comandante flotilla, Korvettenkapitän (Fregattenkapitän) Rolf Rüggeberg. La flotilla de submarinos 13 era una unidad de primera línea

Submarinos Intervinientes 

NúmeroTipoServicio en
U-212VIICJune 1, 1943 - October 31, 1943
U-251VIICJune 1, 1943 - June 30, 1943
U-255VIICJune 1, 1943 - November 30, 1943
U-277VIICNovember 1, 1943 - May 1, 1944
U-278VIICSeptember 1, 1944 - May 8, 1945
U-286VIICNovember 5, 1944 - February 28, 1945
U-288VIICFebruary 1, 1944 - April 3, 1944
U-289VIICMay 1, 1944 - May 31, 1944
U-293VIIC/41September 5, 1944 - May 8, 1945
U-294VIIC/41November 6, 1944 - February 28, 1945
U-295VIIC/41October 1, 1944 - March 31, 1945
U-299VIIC/41November 5, 1944 - February 28, 1945
U-302VIICJune 1, 1943 - October 31, 1943
U-307VIICNovember 1, 1943 - April 29, 1945
U-310VIICSeptember 5, 1944 - May 8, 1945
U-312VIICSeptember 1, 1944 - May 8, 1945
U-313VIICSeptember 15, 1944 - May 8, 1945
U-315VIICSeptember 15, 1944 - May 8, 1945
U-318VIIC/41November 5, 1944 - February 28, 1945
U-354VIICJune 1, 1943 - August 24, 1944
U-360VIICJuly 1, 1943 - April 2, 1944
U-362VIICMarch 1, 1944 - September 5, 1944
U-363VIICSeptember 15, 1944 - May 8, 1945
U-365VIICJune 9, 1944 - December 13, 1944
U-366VIICMarch 1, 1944 - March 5, 1944
U-387VIICNovember 1, 1943 - December 9, 1944
U-425VIICSeptember 15, 1944 - February 17, 1945
U-427VIICNovember 5, 1944 - February 28, 1945
U-586VIICJune 1, 1943 - September 30, 1943
U-601VIICJune 1, 1943 - February 25, 1944
U-622VIICJune 1, 1943 - July 24, 1943
U-625VIICJune 1, 1943 - October 31, 1943
U-636VIICNovember 1, 1943 - April 21, 1945
U-639VIICJune 1, 1943 - August 28, 1943
U-668VIICJune 1, 1944 - May 8, 1945
U-673VIICJune 21, 1944 - July 31, 1944
U-703VIICJune 1, 1943 - September 16, 1944
U-711VIICJune 1, 1943 - May 4, 1945
U-713VIICNovember 1, 1943 - February 24, 1944
U-716VIICOctober 1, 1944 - March 31, 1945
U-737VIICJuly 1, 1943 - December 19, 1944
U-739VIICJanuary 1, 1944 - May 8, 1945
U-742VIICJune 1, 1944 - July 18, 1944
U-771VIICOctober 1, 1944 - November 11, 1944
U-921VIICJune 1, 1944 - October 2, 1944
U-956VIICOctober 1, 1944 - May 8, 1945
U-957VIICOctober 1, 1944 - October 21, 1944
U-959VIICMarch 1, 1944 - May 2, 1944
U-965VIICOctober 1, 1944 - March 30, 1945
U-968VIICMarch 1, 1944 - May 8, 1945
U-992VIICOctober 1, 1944 - May 8, 1945
U-994VIICNovember 5, 1944 - May 8, 1945
U-995VIIC/41June 1, 1944 - February 28, 1945
U-997VIIC/41June 1, 1944 - March 1, 1945
U-1163VIIC/41October 1, 1944 - May 8, 1945



sábado, 17 de abril de 2021

Una Carta desde el Abismo

 

Tal vez algunos aún recuerden la tragedia del submarino Kurk . En el año 2000 durante una práctica en la que el submarino debía disparar dos torpedos sin explosivo, a un buque de batalla, estallaron por la fuga de su propelente. Debido a la herrumbre en la carcasa de uno de los torpedos. La compuerta que separaba la sala de torpedos del resto del submarino estaba abierta, la onda expansiva se propagó a varios compartimentos, incluyendo el puesto de mando, llenándolos de humo y llamas. El capitán intentó ordenar un soplado de emergencia, que hace que el submarino ascienda rápidamente a la superficie, pero el humo le venció. La boya de emergencia no se desplegó. Minutos después tuvo lugar una explosión mucho más grande, al chocar la nave con el fondo marino. Explotaron entonces una media docena de torpedos. Los reactores nucleares se desactivaron.

Se abrió un agujero de 2 m² en el casco del navío, que había sido diseñado para soportar profundidades de 1 kilómetro. La explosión dejó abiertos el tercer y el cuarto compartimento. El agua entró a razón de 90.000 litros por segundo, matando a todos los que se encontraban en su interior. El quinto compartimento contenía los reactores nucleares del submarino, protegidos por 13 cm de acero. La mampara del quinto compartimento resistió la explosión, haciendo que las barras de control nucleares se mantuvieran en su lugar evitando un desastre nuclear.

Muchos supervivientes se refugiaron en la parte trasera del barco 4 horas después del accidente.

Tras reflotar parte de los restos del submarino el 8 de octubre de 2001 fueron recuperadas tres notas de los supervivientes, solo dos fueron hechas públicas y no en su totalidad. Recientemente un operario que se encontraba realizando tareas de desguace, en lo que queda del Kurk encontró la nota que sigue y la hizo pública en Internet.  No se ha podido establecer el apellido del autor (las autoridades rusas no lo permiten) Dice así: 

Querida Dariya: Te escribo estas pocas palabras casi sin luz. Nuestro querido Kurk yace deshecho en el fondo del mar. Debíamos lanzar dos torpedos de prueba. Explotaron. Muchos camaradas han muerto. Luego chocamos con el fondo y sobrevino otra terrible explosión. 23 camaradas estamos refugiados en la popa, pero el agua está entrando. Estoy tirando y mojado. Es el último día de mi vida en esta penumbra espantosa, pero estoy lejos de aquí, me imagino a tu lado aquella tarde de abril en nuestra hermosa Sochi a orillas del Mar Negro. ¿Recuerdas aquella tarde en el río Psou? Llevabas puesto tu trajecito azul. Nos amamos tanto esa noche. La luna grande nos regaló su luz iluminando nuestros cuerpos por el ventanal. ¡Te amo tanto amor! En estos últimos minutos de mi vida te extraño inmensamente.

Morir aquí solo con mis 25 años. No te apenes amor, solo sufre lo necesario. El tiempo te hará aceptar esta desgracia. Te doy desde esta oscuridad final, la libertad. Busca un buen hombre que te de lo que yo ya no puedo.

El agua ya llega a mi cintura ¡Dios!  Que helada esta.

Muchos camaradas murieron por no escapar hacia aquí. ¡Qué afortunados fueron!  Sabes que escapar de un compartimiento averiado y trasladarse a otro en buen estado está totalmente prohibido por el Estatuto Naval y el Código de Honor de los marineros. Cada uno debe permanecer en su puesto hasta el fin, tratando de impedir que el agua o el fuego se propaguen por el barco. Ahora es inútil. La linterna parpadea, queda poco tiempo y tantas cosas para decirte. A mi lado está mi amigo Pavlev, dile a su viuda que muere como un hombre y que la ama profundamente. Otros hombres lloran. Nadie grita, solo el agua que busca nuestras almas.

Miro la escotilla inútil. Nadie puede escapar. Morir aquí o afuera ¿qué más da?

Mis últimos recuerdos son para ti. Aquella tarde que cenamos en la primavera al pie de aquel gran árbol tan verde. El cielo azul, por el que cabalgaban aquellas inmensas nubes blancas. Tu les ponías nombres. Yo no dejaba de mirar tu hermosísima figura y te deseaba. Esperaba el roce de nuestros cuerpos. La tibieza de tu vientre. Hundirme para siempre en tus ojos y amarte hasta el fin de los días. Luces en la noche, estrellas prendidas casi para nuestro puro y gran amor.

Ahora llega la imagen de tu padre en su negocio. La bruma de la mañana, el aroma del pan recién horneado. Tus manos exquisitas untándolo con aquella mantequilla dulce. Tu sonrisa mirándome, mientras yo te hablaba del mar, de los viajes. Y nos reíamos por una broma de tu padre.

Todo se ha convertido en gris, un color plomizo que se apaga de apoco. Es la negrura de la muerte que se aferra a nuestra piel aterida. El agua llega hasta mi pecho. Ya no intento moverme. Algunos lloran en un silencio morboso. Es que nos han preparado para esta hora. Ser fuertes y afrontar el sacrificio por la patria. Palabras vacías dichas por burócratas insensibles. Ellos están bajo el sol, nosotros aquí.

Hermosa Dariya un último recuerdo, siento el sol en la piel, abro mi camisa y me acaricias. Tendidos sobre la hierba que explota en un verdor sublime. Te ríes, tu blusa se abre y tus pechos se me antojan como dos grandes colinas.

Sí siento el perfume de tu pelo Mis manos alcanzan para abrazar tu cintura. De pronto el cielo nos regala una lluvia intensa, corremos descalzos, alcanzamos la cabaña y me gritas ¡ámame! ¡Ámame!

Adiós dulce amor. Olvídame rápidamente. Pondré esta carta en un tubo plástico. Si alguna vez retiran nuestros cuerpos de esta tumba ojalá te alcance este postrer saludo. Abriré mi boca y tragaré el agua de una vez. Será rápido. Mi dulce, dulce Dariya, te he amado tanto.

 

viernes, 14 de agosto de 2020

El Misterio del Mater Dei

 


Esta historia fue narrada a mí por un marinero chileno. Me la ofreció para publicarla. Según él es absolutamente verídica.

Estando yo en el sur de Chile, en el puerto de Valparaíso, contemplaba el anochecer cuando un extraño sujeto, un hombre mayor, se sentó a mi lado. Durante un largo rato hizo silencio. Cuando el sol finalmente se ocultó, tras una suave bruma me dijo -extraños fenómenos los que puede producir el océano, en los hombres y en los barcos- Me preguntó si quería escuchar una historia. Le dije que sí. Tal vez sus ojos, que miraban más allá del horizonte, su vieja gorra de Capitán o su voz profunda y su piel arrugada por mil soles me anunciaron que valía la pena demorarme unos minutos más.

“En el año 80 pertenecía la tripulación del Viking, Barco pesquero de la Empresa Royal Mar. 50 Metros de eslora y 12 de manga nos había permitido pescar en los mares chilenos sin mayores contratiempos. En cualquier tipo de clima. El Capitán recibió un llamado de la Capitanía. Deberíamos volver a puerto. Un trabajo que no imaginábamos nos esperaba. Regresamos extrañados por tener que suspender la pesca.

Dos días después amarramos y nos enteramos que remolcaríamos un viejo barco mar afuera y deberíamos hundirlo.

Cuando lo vi en el muelle posterior, esperando cansinamente su muerte, sentí una gran congoja. El Mater Dei llegaba a su fin. La compañía ya no pagaría la amarra y se corría el riesgo que se hundiese allí mismo.

Paradójicamente contaba con nuestra misma eslora. Sus días como pesquero concluyeron mucho antes. El clima se había ensañado con cada jarcia. La cubierta se deshacía lentamente bajo las lluvias y los vientos dejaron un oscuro color de óxido en el acero.

En la Capitanía nos dijeron que habría sobrevivido a la II Guerra como barco de transporte de tropas y muertos. Al día siguiente ingresé en el Puente de Mando, cada control estaba en alemán. Su origen era indudable.

Llegó la hora. Dos remolcadores lo llevaron hasta la boca del puerto. Tiramos un grueso cable de acero y comenzamos el largo viaje hacia su último destino.

Recuerdo la hora. Las 12 exactas, pusimos proa hacia los 62 grados de Latitud Sur. Navegaríamos 30 millas. Una vez allí se abrirían las exclusas de sentina y se iría al fondo. Fui al Puente. El Capitán Enriquez frunció el ceño. -No me gusta- - ¿Qué pasa Capitán- ¿Pregunté - ¿Es extraño, pesa mucho menos que nuestra nave? Gran parte de la estructura, maquinarías, etc. han sido removidas. - ¿Y? - -Nos está tirando. No logró subir a más de 6 nudos- - ¿Y la corriente? - -La tenemos por popa- -Avíseles a los muchachos que revisen el cable de arrastre, por las dudas-

Fui a popa y miré al Mater Dei. Una luz brilló en el Puente, era imposible. Perplejo baje al comedor pensando quizás en un reflejo de nuestro barco en los sucios vidrios.

Seis marinos y el cocinero cenaban en silencio. Nadie hablaba. La atmósfera mostraba la preocupación que embargaba al grupo. El cocinero rompió el silencio -ese barco no me gusta, además escuché rumores en la taberna- - ¿Qué rumores? - Pregunté -Pues que su nombre no es el que tiene escrito- -Claro que no, es alemán-Le dije - ¡Allí está! la maldición del mar por cambiarle el nombre- -Deje de decir sandeces y cuentos de vieja- Me retrucó: - ¿Id. no sintió algo, no vio nada? Hice silencio pensando en la luz.

Seguimos unos minutos callados. Un estallido sacudió el barco. Corrimos a cubierta. El cable de arrastre se había cortado. El marinero Gómez, un muchacho joven gritaba con su brazo roto. El Latigazo casi lo parte en dos. El Capitán vociferaba, gritaba órdenes. El Mater Dei se alejaba rápidamente. A coro el cocinero y tres marinos exclamaron - ¡es imposible se aleja contra el viento! - Viramos en redondo a toda máquina. Nuestra nave libre de la carga volaba en dirección al prófugo. Finalmente lo alcanzamos. Nos abarloamos. Lanzamos cabos por popa y proa. Junto a dos hombres saltamos al barco condenado.  Aferramos fuertemente los calabrotes. En ese momento el barco, como si contase con hélices direccionales empujó brutalmente a nuestro barco. Caímos al suelo. Los cabos resistían. -El Capitán asomado a la barandilla gritaba - ¿Qué diablos ocurre? - Fue Chávez que respondió -Quiere irse Señor- ¡No diga estupideces! Preparen otro cable por popa- Nosotros seguíamos a bordo esperando la nueva amarra. El viento golpeaba un tambucho. Corría a cerrarlo y miré hacia la oscuridad interior. Acepto que quizás lo que vi fue producto del momento, de mis nervios. Allá abajo una tenue luz brotaba de las entrañas. Juro haber visto una sombra en el Puente. Grité - ¡abajo hay alguien! - Esta vez el Mater Dei o como se llamará brincó desesperado como queriendo librarse de las ataduras. - ¡Vámonos! -Gritaban casi en pánico mis compañeros. El cable de remolque estaba en su lugar. Saltamos a nuestro barco y soltamos las marras de la banda de babor. El cautivo salió disparado, hasta que el cable de arrastre detuvo brutalmente su escape. - ¡Cuidado! ¡Salgan de la popa! - El Capitán volvía a sentir la fuerza descomunal que ejercía sobre nosotros.

El mar, ahora encrespado creaba grandes montañas de agua. Cuando bajábamos una gran onda el Mater Dei se abalanzó sobre nuestro barco. ¡Nos embestía! A pocos metros de la popa cambió de dirección y destrozó el cable. - ¡Maldito barco! - Rugió el Capitán. Quedamos espantados. Lo vimos apuntar su proa hacia nuestro través. Nos embistió. Todos caímos. Se abrió un rumbo por sobre la línea de flotación.

Aquel viejo barco se fue hacia el horizonte. Serían las 6 de la tarde. El sol comenzaba a hundirse.   El mar ahora increíblemente calmo nos dejó ver por última vez a aquella briosa nave que no estaba dispuesta a morir.

Perseguirlo carecía de sentido. Se dio aviso a Prefectura. Al día siguiente dos aviones de la Armada, un Guardacostas y un helicóptero barrieron las aguas sin resultados.

El regreso se hizo en silencio y nunca lo comentamos ¿Quién lo creería?

He sido un hombre que nunca creyó en lo sobrenatural y allí están los hechos. Dicen que, de alguna manera, cuando en un barco han ocurrido hechos tremendos, la memoria de los hombres queda impresa en el navío. La guerra, eso es, la guerra. Ese barco no quería morir.”

Las estrellas estaban ahora brillando. El Viejo marino se levantó. Buscó algo en su raída chaqueta y me extendió el reloj. Lo tomé. Pude leer algo en alemán. Sonrió. -Nunca le dí cuerda, no tiene la rueda y como ve marca la hora con exactitud 21 horas. Estaba en el Puente de Mano de aquel barco- Me miró. Saludó con la cabeza y se perdió en la bruma del muelle. Una calle más arriba la taberna invitaba a entrar. Seguí de largo pensando que les habría pasado a los hombres de aquel navío. En las penurias y en lo afortunado que he sido. Y en que mi absoluta certeza en la ciencia se había hecho añicos.

miércoles, 22 de julio de 2020

El Secreto del Mono




                                                           Por Germán Diograzia


Ya te lo dije che, la vida nos pone a veces en circunstancias que ni soñamos. Justo a mí, el flaco Martelli me pidió que me ocupara del pobre Mono. A mí, que nunca había cruzado dos palabras con el tipo. Así que se viene a morir. ¡Anda! Sentencio el flaco, nadie quiere ir al velorio del pobre Cristo. Nadie se anima. El pobre Mono 45 años. Inútil negarme. No le importó que no lo conociera. Me grito que yo andaba, por mi trabajo, con enfermos y que no tenía excusas. Así que aquella espantosa tarde de mayo me largué a la casa velatoria de los hermanos Carbone. Encima llovía y ya eran las seis de tarde. Imagínate el cuadro. Yo, encargado único de acompañar al difunto, al menos un par de horas. Me llevé unas revistas, claro. ¡Para un poco! Ya vamos a llegar al tema. Un pobre tipo con una cara igualita a la de un mono y todos queriendo saber si aún muerto seguía siendo un mono. El hombre pasó su existencia escondiéndose hasta de los chicos, por su cara. Bueno eso es lo que dicen ¿Vos lo viste alguna vez? ¿No? Date cuenta la gente habla cada cosa. El negro Carbone, que alguna vez le dio una changa, contó que el mono media un metro cincuenta. Torso grueso. Brazos increíblemente largos. Caminaba algo encorvado y su cabeza…bueno un mono exacto. Sí, ya sé, monos hay a patadas, que orangutanes, que chimpancés, macacos y que se yo cuantos más. SEGUIR LECTURA

sábado, 13 de julio de 2019

Enciclopedia de los Submarinos Alemanes

                                           

Presento una breve aunque bastante completa Enciclopedia de los U Boats, los míticos Lobos Grises


La flota submarina Alemana se convirtió en la mayor amenaza para la supervivencia Británica, durante la Segunda Guerra Mundial. Acosando al tráfico martimo británico. En 1939, la mitadde los alimentos consumidos en Gran  Bretaña y dos tercios de las materias primas necesarias para la industria militar, venían del eexterior.  Entonces si los U-Boatas alemanes  lograban parar ese suministro, hundiendoa los mercantes aliados, Hitler podría ganar la Guerra. 
Dinitz sabía esto y se calculaban necesarios unos 200 0 300 submarinos para lograrlo, pero Hitler no estaba seguro deello y prefirió, en principio, la construcción de Acorazados, eso demoró la fabricación de los U -Boats...quizás la historia hubiese sido otra.
La historia del Arma Submarina Alemana se le debe, en gran parte,  a Karl Dönitz, el creador de la fuerza de submarinos de la Alemania de la posguerra en 1919. Después de la Primera Guerra Mundial, Karl Dönitz ocupó una de las 1500 plazas de oficial que el Tratado de Versalles permitía a la República de Weimar; su ingreso en la marina de guerra se debió a los excelentes antecedentes que había mostrado durante la Gran Guerra. Casi había puesto a Inglaterra de rodillas Se inició como observador en la aérea naval y rápidamente tuvoa su cargo una escuadrilla de Hidro aviones. En 1916 ya tenía un submarino a su mando. En 1918 fue capturado e internado en un campo de prisioneros hasta el fin de la guerra.


En 1919 reconstruye la flota de submarinos junto con Otto Schultze. Dönitz, , ayudó a reclutar a los futuros tripulantes de los submarinos y a planificar en los Países Bajos su construcción en secreto para soslayar lo estipulado en el Tratado de Versalles. En 1923 fue adscrito al Estado Mayor en Kiel como consultor de métodos de caza submarina, donde formó equipo con Erich Raeder y Wilhelm Canaris.
La Marina ya había completado los planes en 1932 para reanudar la construcción de submarinos; de hecho, las piezas de ensamblaje de los nueve primeros submarinos se produjeron en los Países Bajos, España yFinlandia, a los que se les denominó, como sus antecesores, clase "U". El U-1 fue botado el 18 de junio de 1935, y las siguientes unidades a partir de septiembre. Dönitz  crea la escuela de submarinistas,  las tripulaciones y sus comandantes eran sometidos a duras pruebas antes de disparar un  torpedo. Decia ques que: "El submarino es esencialmente un arma de ataque". En 1936, se enviaron dos submarinos al Mediterráneo en la Operación Úrsula tanto para apoyar a las tropas sublevadas en la Guerra Civil española, como para el propio entrenamiento de las dotaciones, hundiendo el U 34 al submarinorepublicano C-3 frente a Málaga el 12 de diciembre de 1936.




Dönitz fue quien introdujo en 1936 la táctica de la Manada de lobos (en alemán, Rudeltaktik). Aunque estas innovaciones y otras no fueron bien recibidas en un comienzo por el Alto Mando , pero  logra la aprobación en 1937. Hasta el inicio de la guerra entre el Reino Unido y Alemania, el arma submarina no se consideraba como una fuerza de peso en la guerra naval; sin embargo, la situación cambió más adelante cuando se vieron los resultados de la larga gestión de Dönitz.


Al estallar la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, la Kriegsmarine no estaba preparada para combatir a las fuerzas navales aliadas. A diferencia de los otros armamentos del ejército alemán, el plan naval de construcciones llamado PLAN-Z sólo había empezado unos pocos meses antes. Por lo tanto, el número y la fuerza de los barcos disponibles no eran los adecuados para las necesidades de una guerra mayor.


En los años anteriores a la guerra, la Kriegsmarine no creyó en la posibilidad de ninguna confrontación militar y menos en el ma,r antes de 1940. Cuando se mostró obvio que la tensión con el Reino Unido empezaba a subir en 1938, el temor de una confrontación militar con los británicos causó la aceleración del programa de construcciones navales. Pero aun así, la Kriegsmarine creyó que la posibilidad de una guerra con el Reino Unido tardaría todavía.


Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la Kriegsmarine tenía 57 submarinos y la mayoría de ellos no podían operar en el Atlántico. El Plan Z preveía la construcción de 250 sumergibles, pero no con el hecho de que Alemania entrase en la guerra con un número mucho menor de sumergibles que los aliados. En los seis años siguientes se construyeron 1100 unidades, que fueron una amenaza constante para el Reino Unido en todo el transcurso de la guerra.


El arma submarina estuvo en crisis en 1939 debido a una serie de incidentes. El U-39, al atacar al portaaviones británico HMS Ark Royal, tuvo un grave fallo en el sistema de torpedos, que delataron su posición, resultando hundido por la escolta del portaaviones. Dönitz presentó la dimisión a su cargo, pero le fue rechazada. Cuando esto ocurría en Alemania, el U-29 sorprendió y hundió en alta mar al portaaviones HMS Courageous.


El momento decisivo del cambio en las operaciones navales lo dio el U-47 con el hundimiento del HMS Royal Oak en Scapa Flow al mando de Günther Prien, el 13 de octubre de 1939. Adolf Hitler dio su entero respaldo al arma submarina y a Karl Dönitz. De ahí en adelante y por un periodo de dos años, el arma submarina cosecharía solo éxitos y causaría dolores de cabeza a la Royal Navy.

FLOTILLAS DE U BOATS




Primera Flotilla      Conbate                 Base: Brest
Segunda Flotilla     Combate               Base: Lorient
Tercer Flotilla         Combate               Base La Rochele
Cuarta Flotilla        Entrenamiento       Base Stetin
Quinta Flotilla        Entrenamiento        Base Kiel
Sexta Flotilla          Combate                Base ST. Nazaire
Septima Flotilla      Combate                Base ST. Nazaire
Octava Flotilla        Entrenamiento       Base Danzig
Novena Flotilla       Combate                Base Brest
Décima Flotilla       Combate                Base Lorient
11 Flotilla                Combate                Base Bergen
12 Flotilla                Combate                Base Bordeaux
13 Flotilla                Combate                Base Trondheim
14 Flotilla                Combate                Base Narvix
18 Flotilla                Entrenamiento       Base Hela
19 Flotilla                Entrenamiento       Base Pililau
20 Flotilla                Entrenamiento       Base Piliau
21 Flotilla                Entrenamiento       Base Pilau
22 Flotilla                Entrenamiento       Base Gotenhafen
23 Flotilla                Ambas                    Bases Salamis / Danzig
24 Flotilla                Entrenamiento       Base Mermel
25 Flotilla                Entrenamiento       Base Libau
26 Flotilla                Entrenamiento       Base Libau 
27 Flotilla                Entrenamiento       Base Gotenhafen
29 Flotilla               Combate                 Base La Spezia
30 Flotilla               Combate                 Base Konstanza
31 Flotilla               Entrenamiento        Base Hamburgo
32 Flotilla               Entrenamiento        Base Konisberg
33 Flotilla               Combate                 Base Flensburg



Organización de los U Boats 1935-1939

Los U Boats en Servicio 

Tipos U Boats Segunda Guerra

Los Lobos Grises algo de Historia 

Insignias de las Flotillas de U Boats

Submarine Arts 

Fotos y Momentos

Historias 

Los U Boats más Exitosos

U Boats que operaron en el Atlántico

Submarinos Costeros

Submarinos Especiales

Submarinos Hundidos 

Submarinos Rendidos

 Submarinos Walter

 U Boats Varios 

U Boats Perdidos entre 1939 -1945

U Boats de Largo Alcance

Submarinos No Terminados

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Discusión: Bases Alemanas y la" Guerra del Polo Sur"

miércoles, 3 de julio de 2019

lunes, 19 de febrero de 2018

El Hijo de la Guerra


Si hay algo que detesto es la palabra creer, ya que implica necesariamente la aceptación de algo no probado, ni visto jamás. Es claro que el creer lleva a la fe. A veces necesaria, otras trayendo lo más espantoso de a locura humana. Pero siempre usada por los que, a través de los siglos, han sometido a los pueblos de mil maneras diversas. Por eso nada de supercherías en mi vida, quizás al final me equivoque, no lo sé, pero al menos, en esa situación no me habré sometido a los verdugos de la mente humana. A aquellos que idearon paraísos supuestos para tapar el infierno real de la opresión en ésta vida.
Si me equivoco y un ser me espera del otro lado para el castigo, alzaré mi frente y le gritaré con todas mis fuerzas que aborrezco a un Dios que ha permitido tanto dolor en ésta pobre tierra. Quizás me hable del libre albedrío, en cuyo caso reiré a carcajadas, diciéndole que las religiones fueron inventadas, para ahogarlo. Como ven no creo (y perdón por la palabra) en la magia ¿Quién podría creer hoy en ella? En lo sobrenatural. Por ello esta historia me sorprende. La idea de un collar que solo se achica no es racional. Es obvio que alguna explicación científica podría encontrarle.  Sin embargo no puedo dejar de soslayar que existen HECHOS, cuya naturaleza no podemos explicar. Al menos con la ciencia actual. Sospecho que nos esperan verdades tan oscuras y tenebrosas por descubrir, que espero no estar para verlas. La ciencia nos iluminará o nos destruirá definitivamente.
Esta historia absolutamente verídica, va más allá de la simple y pueril vida de todos los días. De la “realidad” que suponemos absoluta. Explora las razones humanas más oscuras y ¿por qué no? Situaciones, que a la luz del simple conocimiento diario, resultan absurdas. Como sea, el lector podrá aceptar la narración con estupor o como un simple divertimento. Aclaro, por último que los restos de Julián fueron encontrados esparcidos en un amplio terreno. Cuando llegó la primavera y la nieve dio lugar a la gramilla, también fueron encontrados los pocos despojos de su padre y de su amigo Peter. El arma aún está guardada en la Fiscalía de Colmar, Francia. Me lo trasmitieron de la forma que sigue. Todas las circunstancias que rodearon el drama han sido supuestas por mí, aunque siguiendo con rigor las investigaciones de las autoridades locales, las cuales siguieron fielmente el desarrollo de los hechos, ya que la excelente policía local desarrolló un nuevo método de pesquisa. Por ello, aunque las situaciones no sean exactas, ofrecen una secuencia lineal del drama.
La pregunta final es: ¿Qué se oculta tras las sombras que aún nubla nuestra precaria mente?

El timbre sonó esa noche, con un chirriar extraño. Quizás el temporal de lluvia, el viento furioso contra los cristales o la interminable tristeza de  haber perdido a su novia, a la que había amado y (aún en el final menos esperado) seguía amando, le imprimía a sus sentidos, una exasperación  desenfrenada.
 Su padre, un hombre que había combatido en la guerra de  Bosnia, todavía  se paraba recto como una estaca y portaba el clásico aire militar, que nunca había abandonado. Su hijo intentó muchas veces que le contará historias de aquella época, pero siempre fue inútil. La brutalidad de la guerra nos son temas para contar en familia Julián, -le decía- . Lo que su padre no sabía es que su hijo había encontrado el Diario de Guerra. Ya qué siendo Oficial de alto rango describía al fin del día o a veces de la semana, lo ocurrido en toda la zona a su cargo.
Julián callaba ese conocimiento, pero no podía dejar de odiar a ese ser, que aunque le había dado la vida, no dejaba de ser un monstruo. Aquel hombre nunca se había arrepentido de los hechos espantosos en que participara. Es obvio que su hijo, escuchaba, en las ocasiones, que llegaba al bar del pueblo, rumores. Palabras entrecortadas, miradas de soslayo. La sospecha que había sido un criminal, flotaba silenciosamente en el aire. Sin embargo el pueblo tiene una cualidad: el silencio osco de sus habitantes. Por ello Julián intuía el desprecio palpable de las gentes. Pero el Diario le abrió los ojos.
Sobre la repisa descansaba, quizás para siempre, la pistola que había traído. Él la levantaba, la limpiaba con esmero y hasta solía irónicamente hablarle
-¡Cuántas veces me salvaste la vida!- Julián le tenía terror, no le gustaban las armas. Pero aquella, siempre visible y cargada, le decía que había cegado muchas vidas, quizás demasiadas. Se acercaba y con asco observaba el cañón. ¿Cuántos hombres serían ahora solo huesos? ¿Cuántos nunca más volvieron a ver a sus seres queridos? El arma inerte, pero poderosa, seguía esperando y el, en el colmo de su dolor, seguía torturándose con la imagen de Elvira, con su cara perfecta. Veía sus ojos llorosos en el despido final, un amor que no debía haber terminado. Echándose nuevamente la  culpa, abrió la puerta de la casa. Bajo una nevada intensa, el amigo de su padre simplemente dijo -buenas noches Julián, bueno qué buenas noches ni ocho cuartos estoy empapado-
Fue directo al sillón, frente a la chimenea. Sin su capote, ahora mostraba su poderosa espalda.
Su amigo, con una generosa copa de licor, simplemente le dijo -toma, te vendrá de perlas-
Julián silencioso y cabizbajo, se apoltronó en el taburete del rincón. Escuchaba, sin intervenir, la charla  de los dos guerreros. Pero no se referían a aquellos tiempos, nunca lo hacían. Hablaban de hechos triviales, de su vida actual. La conversación se fue haciendo cada vez más lejana. Apenas un rumor llegaba hasta él. Entrecerró los ojos. Pensó otra vez en Elvira. Volvió a abrirlos, entonces algo fantástico, aunque trivial ocurrió. La luz del fuego bailaba sobre el cuello del padre de su amigo. Se levantó, y se puso frente a él, justo delante de su padre. Los interrumpió de golpe. -Algo le pasa en el cuello- le dijo-. El ex militar asombrado se tocó la camisa, entonces Julián ruborizándose dijo..-claro es un collar, el reflejo del fuego. discúlpeme-  Comenzó a alejarse cuando la fuerte voz de Bruno, el amigo de su padre le dijo- Unis Vanius Tertius. Es lo que dice el medallón. ¿Quieres saber qué significa? El padre de Julián intervino -no es un buen momento, además es una patraña-
¿Qué patraña? -preguntó Julián
Por un instante, su mente volaba a otro lado, lejos del dolor, de la ausencia, de la pérdida.
-¿Extraño no?, un hermoso collar, casi una corta cadena y éste, digamos medallón-
-Déjalo allí, Julián está pasando un mal momento -dijo su padre.
-¡Quiero saber!-
-Trae Whisky, y siéntate, aquí junto al fuego, será una noche larga.-dijo, mientras acariciaba el medallón.
El frío había aumentado, la intensidad de la tormenta hacía crujir a los árboles. El brutal viento blanco finalmente había llegado.
Peter, le dijo a su amigo -prepararé el cuarto de arriba, imposible irte con ésta noche. Y no tortures al muchacho con tus historias. En una hora tendremos la cena lista
Ahora estaban solos. El ex militar colocó otro leño al fuego. Julián hipnotizado por las llamas, volvió en un instante a su recuerdo. La veía caminando hacia él, contenta, con el cabello suelto. El abrazo, la ternura, la dicha infinita de saberla a su lado.
Afuera un lobo aulló. Prolongó el grito que poco a poco fue tapado por la furia de los elementos.
-¡He muchacho! , ¿estás aquí?-
-Sí dijo Julián, lo siento- ¿Cómo es esa historia del medallón?
-Del collar -aclaró Peter -La guerra es algo espantoso. Tienes la suerte, la dicha, que nunca vas a estar en ella. Ésta es una buena época.
En una noche como esta, hacía guardia en el búnker. El enemigo se encontraba muy cerca y esperábamos el ataque. Por aquel tiempo yo creía que estaba del lado correcto. ¿Sabes algo? Cuando te encuentras en un combate nada importa y por aquel tiempo..-Se detuvo unos instantes, tomó un trago, miró al fuego y dijo- -fue una contienda espantosa. La novedad  de la carnicería estribó en el enorme poder que ejercieron los medios de comunicación y en lo eficiente que resultó la mercadotecnia política. El nacionalismo balcánico fue real e histórico, pero el repentino ascenso de un estilo agresivo se debió a maniobras de los políticos nacionalistas. Una sociedad civil en movimiento puede ejercer un contrapeso a las mentiras y verdades a medias que acostumbran a soltar políticos ambiciosos, pero debido al contexto de la época - eso no era posible en Yugoslavia. Aferrado a mi ametralladora esperaba simplemente un cuerpo para destrozarlo. Ese y solo ese era mi objetivo. Destruir. Creía en mi nacionalismo, en mi razón. Es increíble cómo nos manejan. La propaganda de los medios fue perfecta, como siempre. Los políticos, sentados en sus sillones, muy lejos del conflicto, causaron la muerte de cientos de miles de personas. La brutalidad se sumó a un sistema de agresión nunca visto.
La guerra también puso sobre el debate la capacidad de persuasión de las Naciones Unidas. Se supone que un organismo encargado de promover la paz debe mostrarse a la altura de las circunstancias. Al ordenarles a sus tropas no entrometerse en la refriega de la ex Yugoslavia, el papel de la ONU como intermediaria, resultó una caricatura. Mientras, nosotros matábamos y cada muerto hacíamos una marca en nuestros fusiles. ¿Sabes algo? Solo piensas en cuerpos, en carne caminando. Solo hay que lograr que dejen de hacerlo ¡Y no me preguntes! Te lo digo no me importaba.
Julián fascinado, por escuchar por primera vez hablar sobre la guerra, temblaba. Miró el arma sobre la repisa y pensó que debido al fuego de la chimenea, debería estar caliente.
Peter siguió con los ojos, ahora rojos, impulsado por una fiebre que desataba los peores recuerdos, hablaba solo, perdido, en la locura del pasado.
-Estábamos parapetados en un edificio destruido. Los francotiradores asesinaban a cada civil que intentaba cruzar la plaza. Un muchacho  corrió, tratando de protegerse con los árboles. Sonó un disparo. Pude ver claramente de donde había salido. El muchacho cayó y quedó tendido en el asfalto, mientras un charco de sangre se abría como una flor. Una chica corrió hacia él, la dejaron llegar hasta el cadáver y le dispararon. Alcanzó a arrastrarse y  allí quedaron juntos, muertos. Vi esos cuerpos que se habían amado, pudrirse durante días al sol. ¿Sabes que hice? Por  primera vez dejé de lado todas las técnicas de guerra. Todas las precauciones. Esperé la noche y di un gran rodeo. En mi locura quería llegar al flanco enemigo. Al cuarto piso de donde habían disparado.
Julián hecho otro leño al fuego. Dijo-hijos de puta
-Cargué mi fusil, los prismáticos de visión nocturna. Dos pistolas con silenciador, mi cuchillo y alimentos para cuarenta y ocho horas. Durante el día permanecía escondido y avanzaba en la noche. Al fin llegué al edificio.  Quieto, inmóvil esperé. En una de las paredes se había abierto una pequeña entrada. Me arrastré. En el silencio, todos dormían, hasta el ruido de un disparo con silenciador hubiese sido escuchado. El guardia se acercaba. En un solo movimiento estuve atrás de él y le corté limpiamente la garganta, mientras le tapaba la boca. Me saqué las botas y subí por las escaleras. Todo era oscuridad, pero la visión nocturna me daba todas las ventajas. Al fin llegué hasta las habitaciones. Todos dormían. Entonces descubrí al francotirador. Su fusil  descansaba apoyado a su lado. Solo cinco cuerpos. No utilicé mi fusil. Portaba una metralleta. En un pandemónium de explosiones acabé con cuatro. Ni se dieron cuenta de lo que ocurría. ¿Te dije cuatro? El francotirador, aterrado quiso tomar su arma, no pudo. Otro disparo le inutilizó el arma. Se quedó allí. En ropa interior frente a mí. Temblaba, imploraba. Le pregunté si él había matado a la pareja y le prometí  que si decía la verdad, le perdonaba la vida. Confesó y le disparé debajo de la rodilla. Le tapé la boca con una cinta y le até  las manos. Le vendé la herida e hice que se vistiera. El cielo empezaba a clarear. En pocos minutos vendrían más hombres. Lo colgué por la ventana. Quedó con la cabeza hacia abajo. Salí de allí y dije por radio a mis hombres que se preparan. Tuve suerte, demasiada. Llegué sin dificultades a mis líneas. Él seguía colgado. Al fin llegaron varios hombres e intentaron soltarlo. Ya en mis líneas estaba yo, con mi fusil. Esa mañana di cuenta de quince hombres, que intentaron soltarlo. El día había llegado. La mordaza de la boca se le había caído. Gritaba. Llegó el medio día y comencé el trabajo. Mientras pensaba en la pareja al sol, hice el primer disparo. Así impacté una y otra vez sobre aquel hombre, pero ningún disparo fue mortal. Uno de mis hombres me pidió el arma. Hizo el último disparo.
Julián temblaba, ahora comprendía la razón por la cual su padre nunca quiso contarle.
Reunió fuerzas y preguntó -¿Pero y el medallón?
-Ah, el collar y el medallón. ¡lo más importante! Me dejé llevar por el recuerdo de aquellos días. Antes de colgarlo afuera de la ventana vi el collar, extrañamente corto y el medallón. Se lo saqué. Sonrió, aun sabiendo que lo matarían. En ese momento no pude entenderlo. Más tarde lo hice.
 ¿Sabes lo que no puedo sacra de mi mente? ¡El olor a carne quemada! El humo de los disparos.
-¿Eso es todo-preguntó Julián
-¿Todo?- ¡Que va!  Unis Vanius Tertius.  Significa: se achicará en ti. Mucho tiempo no le di importancia. Un día por pura casualidad, llegó a mis manos un extraño libro, un Grimo.
-¿un Grimo?
-Un Grimo es un libro antiguo sobre magia.
-No creerá usted  en la magia.
-Yo creo en las armas, dijo Peter, aunque algo raro tiene este collar.
-¿Raro?
El padre de Julián llegó en ese momento -la cena está lista
-Pero, estamos en lo mejor -protestó Julián.
-Después seguimos -dijo Peter.
-No le habrás hablado de aquella época al muchacho
 -Para nada- Respondió. Solo historias.
Julián se mantuvo expectante, el relato lo había sumido en un frenesí de horrores, que se sumaban a la perdida de Elvira, a la tormenta y al aullido de los lobos, que ahora se escuchaban claramente. 
Cenó en silencio mientras los mayores hablaban.
El Medallón, el hombre colgado, la pareja pudriéndose al sol.
Deshecho en mil pedazos se levantó de la mesa, tratando de ocultar sus lágrimas. Su pobre alma de muchacho solitario intentaba no apagarse, sobrevivir, en el invierno que nunca terminaba. Soñaba con una playa, con un mar azul y un sol inmensamente tibio. El frio ya estaba en sus jóvenes huesos.
Aquella pareja murió uno al lado del otro. No tuvieron pérdidas, solo un instante de dolor y quedaron unidos para siempre. En cambio él, habiendo perdido lo único que le daba sentido a su vida, era solo era un muchacho viviendo en una granja aislada, solo con su padre y los libros.
Ella hastiada de la soledad, dejó aquel páramo, buscando otros horizontes. A su forma lo había amado, al menos un tiempo.
La primavera duró tan poco y el verano, en que ambos corrían descalzos por la hierba, acabó tan rápido que ambos, a pesar de haberse amado infinidad de veces, terminaron abruptamente. Ahora Julián atrapado en la soledad, en aquel silencioso infierno blanco, padecía cada segundo. Cada día se transformaba en una tortura. Aun cuando emprendía largas caminatas por el bosque, armado con su fusil, no lograba borrar la cara de Elvira. Su cuerpo tibio, en sus brazos, aquellos brevísimos, pero fundamentales instantes, actuaban como un bálsamo y también como un hierro al rojo sobre su piel helada.
Mientras se secaba las lágrimas, escucho el vozarrón de Peter -¡He muchacho, ven aquí, ahora viene lo bueno¡
Si bien la monotonía, la infinita soledad de su alma, podría desaparecer, al menos un instante, con la historia de Peter, no dejaba volver una y otra vez el dolor brutal que sentía en su corazón. Una mano de acero lo apretujaba. El ahogo trepaba desde su pecho hasta su mente febril e inundaban sus ojos.
Cuando escuchó la voz de su padre llamándolo, se levantó indolente y permaneció parado, como si no estuviese allí, frente a los dos amigos.
-Siéntate muchacho -le ordenó Peter y toma esto. Tragó la bebida y el fuego en su estómago, lo trajo a la realidad.
Allí estaba escuchando la historia del collar y su medallón.
-Te dije, comenzó Peter -que le saqué el collar a aquel desgraciado. Estaba seguro de su muerte y supo que no sería rápida.  En último instante, antes de colgarlo, me miró y sonrió. En ese momento no entendí por qué, luego lo sabría ¡y vaya de qué manera!
Pasaron meses. Fueron los peores momentos de mi vida. Esa guerra parecía no terminar nunca, mientras los cadáveres se apilaban en las calles de a miles. Un día explotó muy cerca de nosotros una granada. No fue la metralla lo que me lastimó el cuello. Fue un trozo de mampostería. Sangraba copiosamente. En el improvisado hospital intentaron sacarme el collar, para limpiar la herida. Fue imposible. Utilizaron las tijeras para cortar cables de acero, sin resultados.
-Julián dijo ¿Pero no tiene un gancho?
-Sí. Intenta desabrocharlo.
Julián hizo fuerza, tiró, colocó una pequeña navaja, debajo del seguro.
-¿Has visto?
Entonces Julián dijo-¡Es una broma! Usted se lo sacó aquel hombre.
-Es cierto, y recordarás que también te dije que aun sabiendo que la muerte más espantosa le esperaba, sonreía.
El padre de Peter dijo algo acerca de las historias de terror, que era tarde y que se dejaran de estupideces.
El tiempo empeoraba. Se acercó a la ventana y vio claramente la figura de un gran lobo negro. -Ya están aquí, molestarán toda la noche
Peter se levantó, abrió la puerta. Un brutal golpe de viento helado entró en la habitación. Sacó su arma y disparo cerca del lobo, tres veces. No quería matarlo.
Los estampidos espantaron a Julián. No los esperaba.
Cerrada la puerta, el fuego se normalizó y él volvió a las preguntas. Se había despabilado. El Frío, los lobos y el arma en la repisa lo alertaron. Algo extraño ocurría. Una sensación de un vago temor lo invadía.
-Julián casi gritó Unis Vanius Tertius. El Grimo, la magia.
-¡Eso es! Muy bien-
-Entonces es una cuestión de magia-dijo Julián
¡-Más patrañas!-dijo su padre
No, no es magia, es algo mucho más oscuro, tenebroso.
El collar solo puede ser abierto si otra persona lo acepta.
-Julián, con una risa histérica dijo –Ja ja ja, ¿Por qué no lo ha regalado?
-Nadie lo ha querido.
-Es hermoso, dijo Julián.
-¿Lo quieres?
-¿Por qué no?
-¡Basta! -dijo su padre -Fue de un muerto, no llevarás eso encima.
-Julián se quejó -¿Entonces crees en la historia? Si me lo regala y no me gusta, se lo regalaré a otra persona.
Cabizbajo Peter dijo -Muchacho no tengo derecho a pedirte que lo aceptes, existe algo más.
-¿Qué dijo?-dijo Julián
-Cuando comprendí que no había forma de quitármelo, comencé a investigar.
¿Pero qué buscar? Intuía que la sonrisa de aquel desdichado, al quitarle el colgante, significaba algo. Un coleccionista de joyas me dijo que debía  ser muy antiguo. Finalmente un viejo profesor me recomendó una serie de libros antiguos. Pero no sería sencillo hallar alguno. Esos libros se encontraban diseminados en el mundo. Guardados y protegidos en algunas iglesias.
-¿Protegidos? pregunto Julián
-Guardan algunos secretos que necesitan ser resguardados. No pueden hacerse públicos.
El padre de Julián intervino  entre contrariado y divertido -por favor en serio vas a asustar inútilmente al muchacho.
Julián cada vez se involucraba más y más con la historia. No había logrado quitarle el collar.
Un escalofrío corrió por su espalda. Miró las llamas y luego el arma sobre la chimenea.
La figura de Elvira se perdía ahora en una bruma que lo cerraba todo. Se alejaba, se deshacía en la nada, como un fantasma vago y cruel. Sintió terror de perder al menos su imagen, de no poder recordarla nunca más. Entonces el aullido de un lobo lo trajo a la realidad. Peter hablaba y hablaba. Escuchó la frase justa -y al fin logré encontrar uno de los Grimo. En un viaje a Irlanda, recorriendo monasterios, tuve acceso a una pequeña biblioteca. Me dejaron hacer. Evidentemente desconocían la importancia de aquel volumen. Y allí estaba el dibujo del collar y el medallón. Fue pura suerte.
-¿Y eso es todos? casi gritó Julián
-Vamos a acostarnos, es tarde-dijo su padre
-¡No protestó- Julián -¡Quiero saber! Intuía que si se acostaba, si cerraba los ojos, el dolor volvería a él. La mancha de humedad del techo, empezaría a girar y girar. Toda su habitación, la casa aislada en la nieve y hasta el mismo bosque, darían vueltas y vueltas, hasta enloquecerlo. Otra noche de insomnio, con la figura de Elvira escapando, mientras los copos caían mansamente, agotando los colores, quemando la vida misma. No, no, prefería permanecer despierto.
Reponiéndose, intentado liberar su mente del peso inexorable del dolor, hizo otra pregunta -¿Por qué crees que se abrirá si me lo regalas?
-Debes aceptarlo
-¡Lo acepto -dijo Julián.
-Peter, con el ceño fruncido dijo -no tengo derecho, eres joven, te lastimará
-¿Lastimarme? Es solo metal.
-¡Julián, basta! -dijo su padre
Muchacho -dijo Peter -aunque estamos alejados de los grandes centros poblados y a unos kilómetros se encuentre el pueblo, no somos diferentes al resto de la gente. Pensamos y actuamos en un mundo que suponemos real. Que no hay otras cosas, cosas que no vemos pero que están.
Julián sentía ahora todo el frio de la noche en su alma vacía. Hundiéndose en la nieve, perdido para siempre. Esas palabras lo acercaban más a un pozo siniestro y sin embargo quería saber más. Preguntó -¿cosas, que cosas?
-Está bien, cuéntale todo, termina de arruinarle la mente -protestó su padre
-Si no lo hago, dijo Peter -vivirá engañado. Muchacho, no es magia, pero algo hace que el collar se achique en el cuello de su dueño
Julián se rió con un espasmo, que no era sino temor. ¿Cómo va a encogerse? -dijo
-Sí muchacho, muy lentamente se acorta.
-¿Usted lo ha visto?
-Hace seis años que lo llevo, desde el día en que aquel desdichado sonrió, porque sabía que al llevármelo, me estaría condenando.
-El metal no puede reducirse solo - protestó Julián.
-Te dije que solo percibimos una parte de la realidad. Hay otro mundo, ahora, aquí a nuestro lado. Es siniestro y peligroso. Nuestros sentidos no son exactos, solo parciales. Así un perro huele lo que nosotros ni siquiera imaginamos. Otros animales perciben sombras, movimientos y sonidos que están lejos de nuestra racionalidad. Si captásemos TODA la realidad nuestra mente sucumbiría. Veríamos colores y formas moverse como fantasmas.
La palabra fantasma le trajo a Julián la imagen borrosa de Elvira. Pensó que la muerte lo llamaba lenta e inexorablemente, atrayéndolo a un vacío sin formas ni esperanzas.
-¡Patrañas! , papá tiene razón. Es un cuento.
-Mejor que creas eso -dijo Peter. Te terminaría matando.
Fuera de sí Julián gritó ¡lo único que me mata es este maldito lugar!  El bosque, los lobos grises, el paupérrimo pueblo en que solo sobreviven viejos. Esto harto, harto del viento y los aullidos. De la nieve que nunca termina. Sueño con un sol que ilumine y brille para siempre. Odio los árboles oscuros y el bosque que se traga el día cada vez más corto. ¡Lo acepto! -gritó: Verán que es una estupidez. Al decir esto el collar se desprendió del cuello del Peter. De un salto Julián lo tomó mientras su padre gritaba -¡no, no lo toques!-
Peter se frotaba el cuello, aún sin creerlo. Toda la situación se había salido de control.
-Somos libres, ¡déjalo, déjalo, suéltalo! -ordenó Peter.
-¡Te matará! Gritaba su padre. -Es cierto, es verdad hijo, no lo hagas.
Julián desafiante, con los ojos enrojecidos dijo- ya estoy muerto. ¿Un simple collar que perteneció a un muerto? ¿Acaso imaginan que voy a creer semejante estupidez?
Desesperado Peter grito, tapando hasta el sonido del brutal viento -¡se achica, te acogotará!, de alguna forma cada vez pesa más sus átomos se vuelven más y más unidos,  no sé cómo, tal vez la piel, el contacto humano o alguna reacción química que desconocemos-¡suéltalo!
Desafiante Julián alzaba la voz -¡claro y me eligió a mí para matarme!
-Peter desesperado ahora imploraba, déjalo, déjalo, es cierto, vos mismo no pudiste sacarlo
Julián en un frenesí de locura, reía con una sombría mueca -¡Se te cayó, así de simple! Ustedes ¿guerreros, soldados? Solo un par de asesinos. Me han querido ocultar sus atrocidades, pero ahora no más, ya lo sé. Los Balcanes ¿Quién les vendió las armas a cada bando? Los norteamericanos y los europeos ¡Por favor! Matar inocentes, al pueblo, todo en nombre de la religión. De la maldita religión. No hay dios, solo una un grupo de israelíes, que desde la Reserva Federal de los Estados Unidos deciden la suerte de millones de seres indefensos y la Comunidad Europea. Soy un muchacho, pero no soy estúpido. Ustedes son el final de la cadena. Los que tiran del gatillo. Ahora vienen con idioteces.
Estos meses de soledad me han mostrado el mundo tal cual es. Comprendí la necesidad humana de creer, de ilusionarse ¡sí las ilusiones! Así deseando una vida mejor nos hundieron en ideologías religiosas, políticas. Crearon iconos mesiánicos de cualquier índole. Crearon así una un mundo a su antojo. Establecieron valores morales, a los que debíamos seguir, porque eso era lo bueno. Lo mejor. ¡Toda una patraña de corruptos! Idearon un modelo del mundo para contrarrestar los miedos y darle sentido a los sufrimientos. Para que los aceptaran sin decir ni una palabra. Hasta hacernos creer que la guerra misma es necesaria. Sí, nos ilusionamos, creímos y esa creencia no es otra cosa que una falsedad impulsada por el deseo. De esa forma nos han engañado, conducido de las narices. Pero esa ilusión no tiene que ser por fuerza verdadera, nunca lo fue. Al final comprendí que las esperanzas son solo ilusiones mágicas. Pero el hombre ha aceptado el dogma. Nos forzaron la mente, los pensamientos y suponemos que el mundo que nos han querido vender realmente sucederá. Sucumbimos a la idea maravillosa de la esperanza y aquí estamos sentados, inútilmente mirando cómo la escala de valores, que constituye nuestra identidad moral e ideológica es una farsa, creada y sostenida por perversos. Así la ilusión nos ha mantenido pasivos, ingenuos, dependientes. Sentados en la inacción, esperando el milagro que nos salve. Incluso en el último momento de la vida, sabiéndose perdido para la eternidad, el hombre sueña con lo que le prometieron. Ya saben que toda ideología triunfalista termina al fin golpeándose con la realidad, que un día pone fin a sus ilusiones. Sí, sí, ¿Qué quedaría del pobre ser que pierde hasta a esperanza? La definitiva frustración.
Julián rojo de ira temblaba con el collar en sus manos. Su padre y Peter se acercaban lentamente, intentando encerrarlo. Se dio cuenta y retrocedió, poniéndose atrás del sillón. -¡Quietos! -gritó. -ni un paso más. Tú, papá me trajiste a éste páramo, solo para esconderte, para que no te encuentren. Nada te importan mis palabras, ni mi sufrimiento. Fuiste un verdugo frio y desinteresado. Jamás te habría detenido el dolor del otro. Ustedes son solo carroña, me alejaste de mamá, me condenaste a  la más estricta soledad. ¿Acaso pensaste un momento en mí? ¿En lo que me sucedería?
Perdí lo más hermoso, Elvira se fue, harta de ésta vida blanca y helada. No pude ofrecerle ni siquiera el amparo de la ternura. Estoy muerto por dentro. Ya no me queda nada. Seco como un árbol agotado.
De un salto llegó a la chimenea y tomó el arma. Los dos amigos gritaron angustiados. Su padre dijo-suéltala Julián, está cargada.  Él  miró el cañón, tocó el seguro y dijo-ya lo sé. ¿Cuántas vidas quitaste con ella?
-Basta , déjala y suelta el collar
-¿Por qué lo haría? ¿No mataban para ser libres? ¿Para liberar a algunos de otros? ¿Ven? Está ansiosa, espera calladamente más muertes. Es cierto, hace ya mucho que no quita vidas. Podría probarla, luego irme, escapar de ésta cárcel. Nunca los encontrarían. Es más los lobos no dejaría ni un solo rastro suyo. Además, nadie conoce su paradero, nadie. Así lo han hecho.
-Soy tu padre ¡basta Julián!
-No, ya no lo eres, dejaste de serlo hace mucho tiempo. Siempre supe lo que fuiste, solo que no tenía el valor de aceptarlo. Pero ahora es distinto, veo todo claro
Peter intentaba moverse lentamente y llevó su mano hacia la cintura.
-No lo lograrás-dijo Julián, la bala llegará antes que saques tu arma.
-Muchacho -dijo Peter, en un tono adulador, sabía tratar con terroristas, para eso lo habían entrenado -nadie va a hacerte daño. Lo del collar es cierto, si te lo colcas te matará y esa pistola podría dispararse. Estás nervioso, es natural, tal vez un viaje a la ciudad te sentaría muy bien  Pero el peligro estaba allí, una vez más, lo sabía. Su vida corría peligro. Ahora que se había liberado del fatídico colar, ese adolescente estúpido ponía todo en juego.
Julián corrió un sillón y se sentó. El collar extrañamente le pesaba. Lo apoyó sobre una pierna. Fue como colocar un ladrillo. Era pequeño y sin embargo su peso…pero no desvió su atención. Siguió con el arma recta, firme, como su padre le había enseñado. Sus ojos se mojaron,  las lágrimas resbalaban mansamente.
En una imagen fugaz, Elvira apareció ante él, como un ángel, tratando de salvarlo de la muerte. Pareció escucharla, nombrarlo, susurrar su nombre. Recordó la cabaña abandonada, del viejo Tom. Aquella noche en que la nieve flotaba casi con delicadeza. El fuego chisporroteando en la chimenea. La alfombra, la breve cena que habían llevado y el cuerpo magnífico de ella, que se dejaba llevar por las inexpertas manos de él. Afuera la noche terriblemente oscura y adentro el amor y el placer descubriéndolos juntos.
Su padre creyendo que dudaba le dijo -está bien hijo, es lógico, vamos a salir de aquí, en cuanto la tormenta termine viajaremos. Podríamos ir al sur, ¡unas vacaciones! ¡Eso! ¿Por qué no?
Los dos hombres rieron -¡es una excelente idea! dijo Peter. Olvidemos esta noche, abramos una buena botella de ese vino excelente que tienen y hagamos planes.
Los dos hombres creyeron que podrían escapar.
Julián callaba, seguía en aquella noche maravillosa con Elvira. Entonces nuevamente el dolor regresó a su pecho. Una mano de hierro apretando su corazón. ¡Elvira! Las palabras finales explotaron en su alma deshecha -Me voy dijo Ella -se acabó. -¿No me amas le preguntó Julián -Debo elegir, le contestó y ya lo hice. Él le rogó, le imploró, lo hizo todo, pero ella quería la libertad.
La acompañó hasta la estación, la vio subirse al tren. No pudo decirle nada, solo lloraba en silencio. En un vacío aterrador, donde ya nada importaba. Sonó el silbato como un disparo. El tren comenzó a moverse. Él corrió a la par del vagón. Elvira lo miró un instante, atreves del vidrio empañado. Y quedó solo, para siempre, sabiendo que nunca más volvería a verla.
Los primeros días pasaron amargos, casi no se alimentaba y perdió peso.
Llegó el largo invierno y cada día se levantaba como un autómata. Entonces comenzó a beber, buscaba olvidar. Pero en las noches, solo en su cama, todo giraba. El techo de madera, la casa, todo. Primero un tono gris bañaba la penumbra del cuarto y luego, como un caleidoscopio, surgían miles de colores. Imágenes inverosímiles. Caras horribles. Dolor. Veía fuegos, llamas, escuchaba gritos. No lograba detenerlo. Cada noche sufría el horror de ese viaje nocturno a las marismas del alma. Se preguntaba la razón de su sufrimiento. El de los hombres en general ¿Por qué el destino o lo que fuese se ensañaba con los simples mortales, seres que no le habían hecho mal a nadie? ¿Dónde estaba Dios? ¿Dónde?
Cuando al fin llegaba el sueño, la cara de Elvira regresaba y su boca se abría como un abismo inmenso, gritándole -Ya elegí. El tren se alejaba.
Y otro día empezaba una y otra vez. Un cadalso infinito. Mil veces subiendo al patíbulo, hasta el fin del tiempo.
Volvió a la sala. El collar se hundía en su pierna. Quiso dejarlo sobre el sillón pero no pudo.
Los dos hombres se habían acercado mientras él volaba hacia Elvira.
El disparo sonó con un estruendo, retumbando en la sala. La bala pasó a centímetros de Peter y destrozó el jarrón sobre uno de los estantes.
Los dos hombres comprendieron en ese instante, que sus vidas peligraban.
El padre de Peter jugó su última carta, avanzó hacia su hijo
-Mátame, mátame ¡Soy tu padre!
El segundo disparo le reventó la rodilla. Con un grito de dolor cayó al piso sangrando profusamente.
-¿Qué has hecho muchacho? Dijo Peter, arrodillándose al lado  su amigo. Disimuladamente buscó el arma en su cintura, pero Julián esperaba el movimiento. El tercer disparo le dio en el hombro haciendo que la pistola cayera lejos de él.
Con un esfuerzo inmenso Julián logró levantarse con el collar en una mano y en la otra el arma. Ya todo estaba hecho o mejor dicho una parte.
Ahora deseaba, aún más que a Elvira. Volvió a preguntarse dónde estaba Dios. Qué ser cruel e injusto custodiando a la barbarie humana. Cuanta mentira para justificar al dominio del poderoso sobre el inocente. Para hacerle creer a éste último, que aún después de todo el sacrificio y dolor de una vida, quedaba una estúpida esperanza en la nada.
Los dos hombres gritaban.
Ató las manos y los pies de Peter e hizo lo mismo con su padre.
Abrió la puerta y toda la tormenta ingresó helando el recinto. Con un esfuerzo sobre humano los arrastró afuera. La nevada había concluido. Los alejó solo unos metros de la casa, justo donde empezaba el bosque.
Peter lloraba, el hombre que había matado a decenas de personas, el guerrero imploraba. Su padre habiendo perdido mucha sangre, le gritaba
-¡no irás lejos!
Cuando hubo terminado, regresó a la casa y limpió toda la sangre.
Tapó con cuidado el disparo que había roto el jarrón.
Miró por la ventana. El gran lobo negro se acercaba y tras él la manada. Su hocico gigante lanzaba vapor. En ese momento cruzó sus ojos rojos con los de Julián.
Durante un rato escuchó los gritos desgarradores.
Esa noche volvió a nevar. Por primera vez pudo dormir, sin que el mundo girase. Hasta Elvira parecía no haber existido nunca.
Por la mañana cargó su mochila y buscó el sendero.
El cielo inmensamente azul no presagiaba nieve.
Miró hacia el bosque, los cuerpos no estaban y otra nevada no mostraba huellas de la carnicería.
Estaba decidido a marcharse, buscar a Elvira. Sí, la encontraría, ella iba a entender. Quería otro mundo, calor, gentes, una nueva vida. Ahora lo lograría.  Su padre había guardado una pequeña fortuna. Había matado, es cierto, nadie lo sabría. Después de todo, aunque había asesinado a su padre y a Peter, los dos eran carniceros. Criminales brutales, en una guerra que no era suya. Ni siquiera el patriotismo, nada, solo dinero.
Una imagen fugaz llegó hasta él. Vio a su madre alzándolo, subiéndolo a una hamaca y atrás, a su padre hamacándolo. Tendría cinco años. Nunca, nunca más volvería a aquella época feliz.
El viento trajo la música monótona del pinar, un silbido tétrico y repetido. Las ramas se golpeaban entre sí, retumbando, trayendo frías notas que estropeaban los nervios. Pero otra música lo sacó unos instantes de aquel solitario páramo. El carrusel girando y girando y él trepado a un caballito de madera, su madre riendo en cada vuelta, saludándolo. Ahora se veía en una pequeña cama. Su padre arropándolo. De la otra habitación le llegaba una extraordinaria música, lenta al principio y luego, con una dulzura exquisita, trepaba por el cuarto, invadiéndolo en una alegría única y suprema. Mucho tiempo después, a sus ocho años, volvió a escuchar aquellos maravillosos sonidos y supo entonces que un tal Beethoven, la había escrito para deleitar a los espíritus más sensibles. Ahora sentía vibrar su alma, lo acompañaba en esa mañana helada.  Pero, no, no tenía que pensar, sacó la idea de su mente, pero no pudo evitar el llanto.
Hundió sus pies en la nieve. Paso a paso. La estación distaba algunos kilómetros. Tomaría el tren. Pasaría por varias ciudades y su rastro se perdería. Ahora él tenía un sueño, una esperanza y caminaba hacia ella.
Aquella noche había nevado mucho, mientras él dormía. Cada paso le costaba un gran esfuerzo. Un pie y luego otro y después el siguiente. Transpiraba. Entonces sintió el peso enorme en su mochila. Aumentaba. Entonces recordó haber guardado el collar. Intentó sacarse la mochila y no pudo. Una mano estaba helada, había perdido el guante.  Era inverosímil. Las correas parecían soldadas a sus hombros. Sus dedos no servían. Se sacó el guante de la mano izquierda, tiró del cierre de la correa. La extrema temperatura lo había soldado. Era inútil
Exhausto, a los dos kilómetros, tuvo que sentarse en un árbol caído.
El cielo se encapotó y comenzó a nevar. Logró hacer un kilómetro más, pero ya no pudo distinguir el sendero. Todo estaba blanco. Hizo un último esfuerzo, como si pisara sobre una blanda marisma, la profundidad de la nieve lo fue sumergiendo. Cavó con las manos, como si nadara en arena.
Buscó el cuchillo en la mochila, para cortar las correas, pero no lo alcanzó.

El peso aumentaba y lo enterraba casi de espaldas. Recordó el collar. Aterrorizado vio al gran lobo negro solo a unos pasos. Lo rodearon cinco grandes bestias. El Líder avanzó. Sentía el miedo de Julián. Éste extrajo el arma disparó una vez, dos, tres y cayeron tres de los animales. Gatillo una última vez, pero ya no quedaban municiones.